Cuando el estudio 11.11 de Leticia Rocco me invitó a participar en un espacio que Francis Mallmann podría habitar, en Experiencia Living, pensé en dos elementos que nos unen: los textiles y el fuego. Su forma de cocinar y mi manera de trabajar con la serigrafía tienen algo en común: el exceso, el riesgo, lo que se quema y deja huella. Texturas que se acercan a lo primitivo, a lo esencial.
Elegí no retratarlo, sino situarlo. Imaginarlo dentro del espacio.
El árbol con sus cortezas marcadas por el calor de mi técnica, le da un marco a un pícnic que está por suceder, y que nunca llega a concretarse.
Inspirándome en su colección de indianas focalicé en uno de los elementos más característicos: la cesta de flores. En este proyecto, decidí tomar un cajón de limones como una reinterpretación contemporánea de esa cesta: un objeto simple, pero que Mallmann, de algún modo, eleva y lleva a otro nivel. Además, incluí una mata de flores, pero no cualquier flor: usé las flores que aparecen en las alfombras que él colecciona,del norte y otras regiones, flores que son muy simples en su morfología porque están tejidas, pero que también tienen su belleza y carga simbólica única.
Sobre esa escena armé una instalación suspendida: frutas y verduras cociéndose: un ananá dorado, repollos, cubiertos bailando, sostenidos por cintas que vuelan, dándole movimiento. Y en el centro de la composición, el silencio. Ese silencio que interrumpe lo barroco, ese vacío que también está en su trabajo. Porque aunque sus preparaciones tienen mucho de textura, de abundancia, de exceso, también generan momentos de calma. Lo barroco no está tanto en cómo arma la mesa, que suele ser simple, sino en la materia misma. Por eso también elegí esa manta en el centro de la composición: simple, contenida, en contraste con todo el entorno.
Es esa manta la que espera. Es el centro calmo donde, como en una escena detenida, las hojas del árbol, los limones, las flores, las frutas y las verduras cociéndose parecen estar siempre por caer.


