Guillermina Lynch

Metamorfosis del Jardín
Exhibición colectiva junto a Rita Soto Ventura e Irina Khatsernova
Centro Cultural MATTA – Embajada de Chile en Argentina
Agosto 2026
Bajo la coordinacion de la asesora artistica del CC MATTA, María Mengelle, y el desarrollo conceptual de Sofia Di Scala

En Metamorfosis del jardín, a Guillermina Lynch le interesa reflexionar en torno a la condición fronteriza de la naturaleza, y eligió trabajar con la figura de bosque, ya que este nunca entiende de límites geográficos: tanto las raíces como las copas de los árboles pueden expandirse más allá de sus orígenes.

La cordillera chileno-argentina suele representarse como una barrera, y su búsqueda partió de imaginarla como un tejido donde raíces, flores, agua, animales y viento atraviesan continuamente aquello que los seres humanos llamamos frontera.

Trabajó 8 tapices de gran escala para crear un bosque de terciopelo cuyas ramas también pueden leerse como raíces. Crecen hacia arriba y hacia abajo al mismo tiempo. No se sabe si están naciendo o enterrándose. La metamorfosis iniciada en el agua continúa en el bosque.

Allí, las orquídeas y los helechos emergen de la tierra, se desplazan entre los árboles y parecen querer ocupar el espacio. Algunas formas parecen flores; otras, organismos que todavía no podemos nombrar. En este bosque, la metamorfosis se produce al disolverse las categorías y permitir que lo artificial comience a comportarse como naturaleza.

En el reverso de los paneles, las raíces se transforman en palabras a través de un poema de Gabriela Mistral. Las raíces dejan entonces de ser únicamente formas vegetales y pueden ser fábulas, historias, memorias.

La frontera deja de aparecer como una línea geográfica y deviene una zona porosa donde dos territorios, dos materias o dos estados se encuentran y generan algo nuevo: entre la realidad y la fantasía, la naturaleza y la cultura, la superficie y el subsuelo.

En el video que marca el comienzo del recorrido, una obra de terciopelo negro es sumergida en el agua. Flores, peces, dorados y peltres quedan atravesados por la corriente y comienzan a comportarse de otra manera. Lo que fuera del agua es tela, peso, superficie e imagen, al sumergirse adquiere otra materialidad.

Las formas se desplazan, flotan, se deforman; por momentos todavía reconocemos flores y peces y, en otros, aparecen organismos inciertos, casi fantásticos.

Esta idea de un ecosistema contenido en otro atraviesa la muestra: un estanque dentro de un jardín, un bosque dentro de otro bosque. Incluso el espacio que aloja la obra puede pensarse de ese modo: una embajada es, literalmente, un territorio dentro de otro territorio.

Entre el agua y el bosque se produce entonces una continuidad. Al salir de la proyección e ingresar entre los grandes textiles, el jardín vuelve a transformarse. El agua se convierte en tierra, las ramas pueden ser raíces y el bosque construido aparece dentro del bosque que lo rodea. Al continuar el recorrido, la misma obra que apareció sumergida en el video, se expande y toma la pared.

La misma materia atraviesa distintos ecosistemas y, en cada uno, se vuelve otra.

Luego de atravesar el bosque, el recorrido muta a un estado más bien acuático. El mismo textil que aparece sumergido en la proyección inicial, reaccionando alquímicamente a la penetración del agua, se encuentra en la siguiente pared. Ocho metros de terciopelo negro voluptuoso, simulando un movimiento. Al comienzo aparecen flores de colores intensos, fucsias, rosas, rojos, hojas de nenúfares en distintos verdes y grandes peces. Algunas hojas parecen raíces o centros nerviosos, una anatomía interna del jardín. A medida que se avanza, los colores comienzan a apagarse. Las flores desaparecen y permanecen los peces. La obra parece descender desde la superficie de un estanque hacia una zona más profunda, oscura e incierta. Al final aparecen formas grises, de gran textura, que pueden recordar corales, barro o restos orgánicos, entre pliegues y silencios. Ese pasaje desde la exuberancia del jardín hacia el fondo oscuro introduce otra forma de metamorfosis. Fuera de la distinción arquetípica de nacimiento, crecimiento y muerte, la obra busca explorar también la pérdida, la sedimentación y la transformación de la materia. El jardín atraviesa distintos estados y distintas temporalidades. En esa profundidad incierta, la metamorfosis continúa.