Guillermina Lynch creates pieces that detach from reality to enable fantasies. Enveloped in her aura, they question the ontology of certain elements: What is serigraphy? What is embroidery? What is permitted with velvet? What place can a flower occupy?
En esta fusión de límites que se expanden, surge su técnica: el bordado serigráfico sobre terciopelo. Estos métodos y materialidades se utilizan para representar la gran obsesión de la artista: las infinitas variantes de orquídeas. El cuerpo se protege con estos mantos cuya morfología, sumada a las flores que lo adornan y lo fortalecen, remiten a las túnicas utilizadas por aquellos guías de diversos rituales metafísicos de sanación. El terciopelo se hace uno con ese cuerpo, lo enaltece con su sensualidad e inteligibilidad pomposa. La carga simbólica abraza a su portador, empoderado por las orquídeas que rodean su cuerpo como una enredadera utópica. Ellas, explayadas en tamaños, colores y texturas ilimitadas, buscan un acercamiento a lo divino a partir de la abundancia del barroco, del deseo de sobrar, de cargar esa tela hasta hacerla estallar. Estas flores feroces recuerdan la habilidad de sobrevivir: persistir, adaptarse, mutar, pensar. La orquídea como elemento mágico de transformación, sumado a una morfología perturbadoramente bella que modifica al cuerpo. Un cuerpo que se permite el disfraz y su libertad de imaginación, sintiéndose por un rato un noble, un chamán, un sacerdote, una reina, o simplemente aquello que su deseo curioso le exija, soñando otras identidades. Estos trajes que crea hoy en día evocan a la idea de cuerpo-territorio, que propone un vínculo diferente entre la piel y la naturaleza, una convivencia nueva. El cuerpo, desnudo, se potencia al entrar en contacto con l las orquídeas de terciopelo, que producen un halo regido por la sinergia, la vitalidad, el movimiento, la sorpresa.
In Guillermina Lynch’s work, as the research and representation of these flowers grow and evolve, so does the morphology of her pieces. First was the coat, then the figure begins to liberate and the kimono appears, culminating today in a cocoon.