Guillermina Lynch

Taller

Una oda al espacio de trabajo

El mito del creador describe a estos hombres y mujeres recluidos en sus talleres y escritorios aguardando el rayo de inspiración divina. Esta narrativa ha sido cuestionada por negar el carácter humano de los artistas, afectados por sus experiencias mundanas y diversos contextos históricos. Siguiendo esa línea, es interesante pensar no solo en el contexto general sino también en el mismísimo lugar donde se desarrollan las obras: el taller. A medida que mutamos y cambiamos de capullos, nuestras creaciones también lo hacen.

Al pensar en sus espacios de trabajo, Guillermina vuelve a su infancia, que alberga el primer espacio de experimentación: el jardín. “Me escondía entre las plantas y a través de ellas creaba un refugio de mundos imaginarios. Las coronas y collares de flores eran los disfraces que utilizaba mientras leía y pintaba.

En mis casitas de plantas reinaban los experimentos con los elementos puros que el jardín me ofrecía: perfumes con el néctar de madreselvas o esculturas a partir de torres de barro.”

La herencia de estas horas infinitas entre plantas, insectos y árboles silenciosos generó una relación simbiótica entre el inquietante reino de la naturaleza y la artista, que se evidencia en sus múltiples producciones.

Luego pasamos a su segundo taller, un galpón compartido con otros artistas, en el año 2016. “Una poderosa carga energética atravesaba este galpón donde convivían artistas trabajando en murales, joyas, materiales reutilizados, ladrillos. La música invadía cada espacio del taller, contribuyendo a este flujo de ideas y energías multidisciplinarias.

Cada integrante contaba con un espacio propio, y los demás respetaban esta privacidad, siempre disponibles para cualquier intercambio u opinión que se necesitara. En esta mirada del Otro constante, aprendía sobre la potencia de la comunidad y el diálogo. Dentro de este galpón industrial, la naturaleza brotaba por todas mis obras. Sus enormes dimensiones permitían expandirme con mis terciopelos y mundos acuáticos. Como en un palimpsesto, múltiples historias comenzaban a escribirse en la superposición de capas de imágenes y material”

El taller fue vendido y Guillermina mudó su nuevo cosmos a una pequeña casa de barrio. Ahí se gestó este taller más íntimo. Los diversos cuartos de la casa eran esenciales en el proceso: en un cuarto dibujaba, en otro realizaba la cocina de color y en un espacio más amplio trabajaba con los textiles. Fue un momento de amplia producción e introspección para la artista.

Las plantas del patio, propias y muchas regalo de vecinos, las curiosas orquídeas que se asomaban por la ventana se hacían parte de ella y en consecuencia de su trabajo. Como una enredadera, empezaban a conquistar sus ideas, telas y bastidores.

A partir del 2020, su espacio de trabajo pasó a ser un taller ubicado en el jardín de la casa, una pequeña cueva subterránea con flujos irregulares de energía. Se desarrolla una especie de ritual con las plantas: cada vez que desciende hacia el taller las toca con las manos, saludándolas. A través del tacto, siente sus texturas y pieles, preparándose para entrar al espacio de trabajo que parece hacerse uno con la naturaleza.

“En un estado constante de asombro, observo las agrupaciones de colores en las flores, las morfologías de los tallos, y los colibríes coquetos que visitan este pequeño ecosistema que se despliega en la barranca.

El jardín está repleto de flores silvestres azules, que asemejan pequeñas pinceladas de algún cuadro impresionista. Desde ahí dentro puedo escuchar al viento hacer bailar las hojas en un vals que parece infinito. Vuelvo a ser niña, regreso al paraíso perdido y me escondo entre los misteriosos agapanthus. las orquídeas inefables, las pasionarias y las rosas chinas aterciopeladas. Me pierdo entre las algas, hongos, peces y flores acuáticas que se agrupan y forman un universo oculto dentro del estanque. Unos tiernos pastitos irrumpen en el medio del piso de cemento, evidenciando su imperiosa adaptabilidad al entorno.

Me recuerdan a mis adoradas orquídeas que florecieron en pandemia, en condiciones que desafiaban sus propias leyes. La naturaleza no cesa de mostrarme su re apropiación constante del cambio” explica Guillermina Lynch.

Así como Monet se retroalimentaba de sus cuidados jardines de nenúfares, creo que las exuberantes e infinitas especies que la rodean se traducen en los universos dentro de sus creaciones.

Texto escrito por Cayetana Muniz Barreto a partir de una entrevista. Febrero, 2021.